1991 · Playa de Las Canteras, Las Palmas
Prólogo
en el que el autor explica las razones de su osadía
Tomás Gómez Arroyo
¡Qué cierto es el buscar pretexto para retrasar el momento de iniciar una tarea que no nos agrada! Yo, por ejemplo, llevo años pregonando mi intención de escribir mis memorias y añado, tengo para ello unas maravillosas fuentes que son: mi hoja de servicios, mi colección de fotos y películas de Súper 8, diapositivas y sobre todo la serie de notas que, a modo de diario, ha llevado Vivi a lo largo de muchos años. Y... ya veis. Aquí estoy a mis setenta años, solo, viudo y con un grave problema en mi ojo derecho que hace aún más penosa la tarea, ya de por sí ingrata, de escribir.
Pero me he propuesto empezar hoy, 12 de septiembre del año de desgracia de 1991 y tal como lo decidí lo pongo en práctica. Estoy en el apartamento de la Playa de Las Canteras donde he pasado un verano muy acompañado porque han venido todos mis hijos, cónyuges y nietos, efectuándose por primera vez la reunión familiar al completo ya que los chilenos nunca habían venido a España. Los meses de julio y agosto fueron fabulosos aunque por desgracia faltó la persona más importante, mi inolvidable y querida esposa, fallecida el pasado día 31 de marzo, Domingo de Resurrección. Bien es verdad que aunque nunca nos lo dijésemos, todos teníamos la sensación de que su presencia nos protegía desde todos y cada uno de los rincones de los dos apartamentos en que nos alojamos, comimos y bebimos la especie de “trouppe” que formábamos los Gómez Soutullo, diecinueve en total contando con la Tía Chita que nos hizo el honor de compartir con nosotros sus vacaciones desde el lejano Chile.
Como homenaje a Vivi, a su memoria y al inmenso cariño que siempre demostró hacia su familia, dedico estas líneas y lo que pueda seguir, que solo Dios sabe lo que será.
De todas maneras estoy seguro de que el ejercitar mi memoria, al par que activa mis escasas y dormidas células grises, contribuirá a revivir dulces recuerdos, no siempre felices, y que son como el debe y haber de esta cuenta corriente que es la vida de cada uno. Así pues, sin más dilación pongo punto y aparte y empiezo.