1952 – 1954 · Cartagena
Capítulo Décimo
Capitán de Corbeta
Aquí realmente debería iniciar lo que podría ser la segunda parte de estas memorias, pues han trascurrido tres largos meses desde que puse punto final al capítulo anterior (todo el verano de 1995) y con él trascendentales acontecimientos que me afectan de forma muy directa en lo físico y en lo espiritual, pues en el pasado mes de Mayo me fue diagnosticado un cáncer de pulmón que me está siendo tratado con aplicaciones de quimioterapia. Sólo Dios sabe cómo acabará todo esto, pero ante una posible disminución del tiempo que me queda de vida considero necesario imprimir un poco de celeridad a la redacción que me ocupa para tratar de relatar lo máximo que pueda.
Ya que recordaba, de forma sucinta pero suficiente, mi época de mando del Patrullero “RR 28”, así como el hecho de haber sido promovido al empleo de Capitán de Corbeta en Enero de 1952, destino en el que permanecí hasta Marzo del mismo año en que fui destinado al Cuartel de Instrucción. Era un enorme y antiguo edificio que anteriormente había sido Penal y que aún conservaba algo de aquel tétrico pasado, aunque en honor de la verdad hay que reconocer que el destino que me había sido asignado era de los que se consideraban muy apetecibles.
Para empezar, tenía un pabellón vivienda enorme, con servicio de mujer de la limpieza incluido, cocinero y repostero, con entrega mensual de efectos de limpieza en cantidad tal que, durante años, fuimos utilizando en nuestras sucesivas y numerosas viviendas. La misión del Ayudante Mayor era la que en la Armada se asigna al Segundo Comandante, es decir, la conservación y mantenimiento de todo el edificio y material del Cuartel, razón por la cual a mí me llamaban “mi Segundo”, mientras que al Jefe de Instrucción se le denominaba “mi Tercero”. Aquí quiero hacer la aclaración de que la diferencia de antigüedad entre “mi Tercero” y yo era tal que, a los pocos días de llegar yo a mi nuevo destino, él fue ascendido a Capitán de Fragata y destinado a un mando a flote.
Su destino fue ocupado por un Capitán de Corbeta, también mucho más antiguo que yo y que, al tener que ocupar un pabellón de menor categoría que el que me correspondía a mí, recurrió ante el Comandante del Cuartel, exigiendo el cambio de pabellones, hecho insólito y que, pese a la diferencia de antigüedad entre los dos Corbetas anteriormente designados en el Cuartel, jamás se había planteado con anterioridad.
Esta vez, además, se daba la circunstancia de que el Almirante Jefe del Arsenal era el suegro de “mi Tercero”, por lo que el Comandante se sintió coaccionado y me hizo una visita muy protocolaria, dándome toda clase de explicaciones y pidiéndome cediera mi pabellón a mi compañero, a lo que naturalmente accedí sin más explicaciones.
Claro que el precedente quedó sentado y, unos pocos meses después, al ser yo destinado al Crucero “Miguel de Cervantes”, mi vacante fue cubierta por un Corbeta más antiguo que el Jefe de Instrucción y que exigió el trueque de pabellones.
La cosa tuvo gracia y sé que más de uno se alegró de aquello.
Así pues, la incomodidad de la obra que se había iniciado para mejorar la habitabilidad del pabellón del Jefe de Instrucción, la sufrió íntegramente el causante de las mudanzas. Yo, andando el tiempo, me vi beneficiado pues, dos años más tarde, fui nombrado para aquel destino, al terminar mi periodo de embarco en el “Cervantes”.
CONTINUARÁ.....
EN LA OTRA VIDA......